“Estando en esto, llegó por casualidad a la venta
un castrador de puercos, y, así como llegó, sonó su silbato de cañas
cuatro o cinco veces, con lo cual acabó de confirmar don Quijote que
estaba en algún famoso castillo, y que le servían con música, y que el
abadejo eran truchas, el pan, candeal, y las rameras, damas, y el
ventero, castellano del castillo, y con esto daba por bien empleada su
determinación y salida”
Primera Parte; Capítulo II |