Al lado de la majestuosa fachada de la Universidad Cisneriana de Alcalá de Henares, una pequeña capilla no menos impresionante por ello, la de San Ildefonso, se llenó para escuchar a unos virtuosos del viento el día 19 de septiembre a las 21.00 horas.
El trío cubano Cervantes, formado por fagot, clarinete y flauta travesera, hizo levantar al público de sus asientos aplaudiendo con brío la gran calidad y calidez con la que brillaron.
Bajo el artesonado de madera, “son”aron nueve compositores clásicos de nombre latino a ritmo de los arreglos y las transcripciones de Carlos Cano, uno de los integrantes del trío.
La primera parte del programa lo integraron una mezcla de autores, entre ellos el español Granados. La segunda tenía aire cubano. Y dimos un pequeño paseo por la Habana de la mano de Manuel Samuell, aire de comparsa de Lecuona, y adaptaciones de canciones populares como “Drume negrito” y el “Manisero”.
Antonio Naranjo, un contemporáneo menos conocido que fue maestro de estos músicos, gustó mucho al público, ¡para que luego digan que la música clásica contemporánea no es bonita!
Para concluir el concierto del Congreso de la XVII Reunión de la Sociedad Española de Fisiología Vegetal, tocaron las danzas más famosas de Ignacio Cervantes. Por él, el trío lleva ese nombre, que no debemos confundir con nuestro literato Miguel de Cervantes, según nos explicaron ellos con humor.
Los artistas consiguieron, pese a la austeridad y la acústica reverberante del edificio, un empaste perfecto y una dulzura que invitaba a bailar a la gente. Decenas de hombros se podían observar acompasados al ritmo de la música.
Si Alcalá vuelve a recibir a estos fabulosos instrumentistas, estaremos dispuestos a mover también los pies si los bancos no nos lo impiden.